En el mundo de los libros de segunda mano o “libros de viejo” como se le llama en algunos países, hay piezas que valen por su rareza, por estar autografiados o simplemente, por testimoniar una época. Este ejemplar de “Gulliver en el país de los gigantes” editado por Sopena Argentina en enero de 1947, pertenece a esta última categoría. En este post voy a hacer luego una autopsia de su materialidad, pero antes centrémonos en Swift y en la dimensión histórica y política de su obra.

Quién era Swift y qué nos contó

Una maravilla de la obra de Swift es haber utilizado la estructura de los libros de viajes, que era un género científico y serio en el siglo XVIII, para intercalar en la historia de la literatura una de las sátiras más feroces de todos los tiempos.
La escala humana de Swift funciona así: en Lilliput nos muestra la pequeñez de nuestras ambiciones políticas, en Brobdingnag (el país de los gigantes) nos obliga a ver la fealdad de nuestra propia piel bajo la lupa, como si cambiar la escala de algo fuera la única forma de volverlo a ver de verdad.

La verdad es que Swift no escribió un cuento para niños, sino un ataque frontal a la condición humana. Cuando Jonathan Swift publicó de forma anónima “Travels into several remote nations of the world” en 1726 (¡hace 300 años!) , no buscaba entretener sino, según sus propias palabras, “vejar al mundo más que divertirlo”.

En su primera edición el libro se presentó como una memoria auténtica de Lemuel Gulliver, materializando la voluntad de pasar la ficción por documento. Indudablemente, Swift sabía que la verdad suele ser más creíble cuando viene impresa y que la tipografía le da autoridad.

Un dato curioso es que en el tercer viaje de Gulliver (a la isla voladora de Laputa), Swift describe que los astrónomos de ese lugar había descubierto dos lunas orbitando Marte. Ese es un dato asombroso que fue escrito en 1726 cuando el mundo lo desconocía, dado que las dos lunas de Marte (Fobos y Deimos) no fueron descubiertas por la ciencia hasta 1877. ¡Se adelantó 151 años por intuición o azar literario! En su honor, un cráter de Deimos lleva el nombre de “Swift”, algo que el autor no alcanzó a imaginar.

Lo que sí se imaginó es cómo luciría su tumba. Swift fue deán de la Catedral de San Patricio en Dublín, donde está enterrado. Su epitafio, redactado por él mismo en latín, es toda una declaración de principios:

“Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift…donde la feroz indignación ya no puede lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar, si puedes, a este vigoroso campeón de la libertad”.

El autor, el hombre

Swift es conocido por su misantropía racional, no creía en la bondad natural del ser humano, sino en su capacidad de ser racional si se esforzaba mucho. Se dice que nunca reía en público y que mantenía un carácter severo y una disciplina férrea. Sin embargo, escribió alguna de las páginas más divertidas y mordaces de la lengua inglesa.

Su vida privada fue tan compleja como su prosa. Mantuvo relaciones profundas y enigmáticas con dos mujeres: Esther Johnson (Stella) y Esther Vanhomrigh (Vanessa). Su correspondencia con Stella (Cartas a Stella) es un documento invaluable para entender su lado más vulnerable y cotidiano, lejos de la acidez de sus panfletos políticos.

¿Sabías que Swift pasó los últimos años de su vida padeciendo una enfermedad que le hacía perder el equilibrio y el oído (Síndrome de Ménière), lo que aumentó su aislamiento y su visión crítica del cuerpo humano? (Esto explica mucho al repulsión física que siente Guilliver en algunos de sus viajes).

Autopsia de mi ejemplar de Gulliver: análisis de su materialidad

El ejemplar que tengo es una adaptación producida en un momento en que Buenos Aires era el faro editorial del mundo hispanohablante.

Título: Gulliver en el país de los gigantes (Adaptación de la segunda parte de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift).

Sello editorial: Editorial Sopena Argentina S. R. L. Esta editorial fue clave para la democratización de la lectura en la región, traduciendo y adaptando clásicos en formatos accesibles.

Cronología: Primera edición (abril 1944), Segunda edición (enero de 1947). A ésta última pertenece mi ejemplar.

Créditos de adaptación e ilustración: F. L. Álvarez (adaptación), Serra Mesana (ilustración).

Materialidad: El papel presenta oxidación avanzada (tonalidad sepia/ocre), típica de las ediciones económicas de la posguerra que utilizaban papel con alto contenido de lignina. La tipografía de la portada tiene una clara influencia del Art Decó tardío, con remates elegantes y limpios.

Valor comercial: aprox. 600 + pesos uruguayos (15 dólares). Las ediciones Sopena de los años 40 son buscadas por su valor estético y por las ilustraciones de Serra Mesana.

Características: Las ilustraciones de páginas a todo color utilizan una técnica de gouache o acuarela saturada. Hay un uso del color que busca profundidad, casi cinematográfico. Los rostros tiene esa suavidad típica de las ilustraciones europeas de los años 30 y 40. El dibujo de los marineros en bote huyendo del gigante muestra un dominio del trazo a pluma. Serra Mesana utiliza el rayado para dar volumen a las olas y las nubes, una técnica que remite a los grabados clásicos del siglo XIX, pero con una agilidad moderna. La ilustración donde Gulliver toma notas sobre una mesa gigante, rodeado de objetos de escritorios que parecen monumentos, es una verdadera joya.

Gulliver en 1947: el papel como medida del tiempo

Este ejemplar de Gulliver en el país de los gigantes, editado por Sopena Argentina en enero de 1947 ofrece algunas pistas sobre la edición masiva del siglo XX. Lo primero que salta a la vista es la audacia de su propuesta visual frente a la humildad de sus materiales.

La portada y las ilustraciones interiores llevan la firma de Serra Mesana. El nombre real de este ilustrador era Francese Serra i Dimas y fue un artista catalán cuya labor en el Río de la Plata fue muy importante, destacando especialmente su capacidad para adaptar el estilo europeo a las ediciones de quiosco argentinas, dotando a sus libros de una elegancia que trascendía el bajo costo.
La tipografía de la portada, con sus remates limpios y ascendentes estilizadas, habla de una transición estética: es un diseño que mira al Art Decó pero se ajusta a la funcionalidad de la posguerra.

En interiores, la caja de texto es generosa, pensada para una lectura cómoda, evidenciando que Sopena no solo vendía libros sino que también pensaba en el diseño de experiencias de lectura para una clase media en expansión.

El papel utilizado es un papel de pulpa mecánica con una alta presencia de lignina. Esto explica su actual estado de oxidación (el característico tono ocre). En 1947, la industria editorial argentina era un faro de habla hispana pero debía lidiar con los problemas del suministro de papel y materias primas tras la Segunda Guerra Mundial.

Un ex libris manuscrito

Esta imagen nos regala un dato valioso en la materialidad del libro. En la portadilla de la Colección Topacio, aparece un nombre escrito a lápiz: Ma. Mercedes Algorta.
La caligrafía es clara y escolar. Seguramente el libro perteneció a alguna niña o joven que sintió la necesidad de marcarlo, a lápiz, como de su propiedad. En bibliotecología estas marcas se llaman “marginalia” y no restan valor; al contrario, le dan al libro una biografía humana.

Me gusta pensar que ese grafismo testimonia un vínculo, el de un libro y una niña que en algún punto de mediados del siglo XX decidió reclamar su derecho sobre esta historia de gigantes. Esta marca de propiedad es una huella de procedencia que dota al libro de una biografía propia. Mercedes leyó estas páginas, quizá pasó sus dedos por las ilustraciones de Serra Mesana y, al cerrar el libro, dejó su nombre. Hoy miro su firma casi infantil y pienso en esa lectura que ocurrió hace casi 80 años.

A diferencia de otros autores de su tiempo, Swift no creía en el progreso infinito. Su obra nos recuerda nuestra fragilidad y también invita a desconfiar de las grandes narrativas y a volver a la observación minuciosa de lo pequeño. No es poca cosa leer hoy desde estas claves en un mundo tan saturado de información y, a la vez, tan falto de perspectiva.

Links relacionados:

Información general sobre Los viajes de Gulliver, vía Wikipedia: aquí

Gulliver’s travles (en inglés), vía Internet Archive: aquí

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Vida lenta & Papel


Curadora de ideas, trazos y memorias que buscan sentido en lo cotidiano. En un mundo acelerado, elijo la lentitud como resistencia y el rescate de lo efímero como testimonio de vida. Trabajando con libros a diario pero también leyéndolos, escribiendo y creando journals comprendí que el tiempo nos atraviesa. Aquí escribo sobre todo eso pero también sobre la tecnología que hoy nos permite utilizar algoritmos para expandir los horizontes creativos… La IA puede ser herramienta para propósitos analógicos…pero el juicio, el corazón y el trazo final necesitan ser siempre humanos.

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